Cuarenta segundos. Eso duró mi primer vuelo antes de terminar enredado en las ramas de un árbol que, juro, no se veía tan cerca desde donde estaba parada. Sentí ese hueco en el estómago de "lo rompí en mi primer intento" — y la verdad es que sí, casi lo rompo.
Lo que nadie me dijo antes de empezar es que el miedo a romper el dron es justo lo que te hace volar mal. Te tensas, sobre-corriges, y terminas exactamente donde no querías estar. Lo que cambió todo fue empezar con un dron pensado para esto: el Neo no necesita que tú controles nada al principio — lo lanzas de la palma y él hace la toma solo, mientras aprendes a confiar en que el equipo sabe lo que hace.
Con el Flip fue distinto pero igual de generoso: sus guardas de hélice cubren todo el rotor, así que cuando finalmente sí choqué con algo (porque vas a chocar, eso no cambia), no pasó nada — ni al dron, ni a mi confianza para volver a intentarlo cinco minutos después.
Lo que aprendí en mis primeras semanas: nadie nace sabiendo leer el viento, ni calculando distancia con precisión la primera vez. Lo que sí puedes elegir es empezar con un equipo que te perdone los primeros errores en lugar de castigarlos.
Hoy, cuando alguien me cuenta que tiene miedo de su primer vuelo, le digo lo mismo que me hubiera gustado escuchar: vas a equivocarte, y está bien. Lo bueno es que, incluso en ese primer vuelo torpe, quedó grabado — y ese video, por imperfecto que sea, es la prueba de que empezaste.
Si estás por dar tu primer vuelo, conoce los drones para principiantes que te dejan equivocarte sin que cueste caro.
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